Si le gusta el pescado y hace miau es un gato. Íñigo Errejón dice prácticamente las mismas cosas que Pablo Iglesias. Sus diferencias en materia económica son imperceptibles y su biblia política es casi la misma. «El referéndum en Cataluña es legítimo». «Los dos gobiernos tienen que sentarse a negociar». «El encaje de los pueblos en España se tiene que decidir democráticamente». Son frases que nadie sabría diferenciar quién las ha dicho porque ambos las han repetido insistentemente como sacadas de un colector ideológico donde los términos pierden su significado. Los fondos buitre, las puertas giratorias, la casta, el drama social, la corrupción… son palabras recurrentes en los discursos de ambos porque ambos los han diseñado conjuntamente hasta hace bien poco. Y a pesar del drama social que asuela Venezuela y que pone de manifiesto el fracaso del modelo de Hugo Chávez heredado por Nicolás Maduro, ambos siguen defendiéndolo. «En Venezuela la gente hace tres comidas al día», decía no hace mucho Errejón. Pablo Iglesias e Íñigo Errejón son cuñas de la misma madera. Ambos son fruto de un idealismo y un comunismo fracasado que se había atrincherado en algunos rincones de la Universidad, disfrazado de activismo. Escrachando al sistema mientras se beneficiaban de él -Rosa Díez lo sabe bien- y diseñando una nueva puesta en escena a la espera de que algún acontecimiento les permitiera salir a la luz. La crisis económica y el movimiento 15-M fue su carta de presentación. Fagocitaron el espacio político que en su día ocupó el PCE y ahora había heredado Izquierda Unida, que había quedado reducido a la insignificancia, para, con una buena dosis de populismo e imagen, apoyándose en los indignados y sirviéndose de las redes sociales y de las tertulias televisivas, colocar como nuevos mensajes que hace ya muchas décadas se demostraron fraudulentos. Han conseguido situarse en el panorama político a base de generar una ilusión que empieza a difuminarse. ¿Qué aporta entonces la nueva formación de Íñigo Errejón sobre lo que hasta ahora ofrecía Podemos y Pablo Iglesias? Pues una versión más actualizada del mismo producto, basada también en un líder, que intenta corregir las contradicciones por las que Podemos y Pablo Iglesias se desangran políticamente. Errejón es un chico ambicioso que hace tiempo entendió, a base de reveses y gestos de menosprecio, que ya no le debía nada a su padrino. Y, viendo la debilidad y las ganas que muchos le tienen a su mentor por su forma totalitaria de ejercer su liderazgo, ha tomado la decisión de ocupar su espacio. De ahí que Compromís, una parte de Equo, Teresa Rodríguez con Adelante Andalucía, y otros muchos, estén dispuestos a tomar el rebufo de un Errejón que, bajo la bendición de Manuela Carmena, aparenta ser una izquierda más digerible. Capacidad de adaptaciónErrejón no tiene casa en Galapagar, ni ha situado a ninguna pareja como segunda de su formación. De momento, no tiene esos déficits políticos que a Iglesias le empiezan a resultar pesadas losas. De cara a los votantes da una imagen más cercana y menos crispada que la que transmite un Pablo Iglesias cuya ambición le sitúa como un obstáculo para la formación de un Gobierno progresista con el PSOE. Hay quien dice que para Íñigo Errejón la política es aún una oportunidad laboral para seguir creciendo y que todavía tiene una capacidad de adaptación que Iglesias hace ya mucho que agotó. Seguramente moderará su discurso respecto a la monarquía o la propiedad y se convertirá en un europeísta convencido. De momento en el PSOE le ven más como un aliado que como una amenaza. Creen que Errejón, si sólo se presenta en ciertas circunscripciones, es el tipo que puede recoger a todos aquellos desencantados con la política que no votarán al PSOE ni a Podemos, pero que, cuando tenga los escaños, apoyará sin condiciones un Gobierno de Sánchez. Incluso creen que es compatible en un ménage à trois con Ciudadanos. Para los incondicionales de Iglesias, Errejón es simplemente un traidor, un quintacolumnista a sueldo del Ibex. El caballo de Troya que el PSOE ha logrado colocar en el corazón de la izquierda real para destrozar todas sus esperanzas. Todavía no está decidido el nombre con el concurrirá pero, una vez descartado Más España, en el entorno de Iglesias apostaban que podía bautizarse como Más PSOE. Alguien que pronto estará a la vera de Sánchez.


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